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Hattori Hanzo, Izakaya japonesa en el centro madrileño

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Hattori Hanzo, Izakaya japonesa en el centro madrileño

Si me preguntaran cuál es mi comida favorita fuera de España contestaría sin dudarlo que la japonesa. Mi fanatismo llega a tanto que igual tengo un problema. Un problema delicioso que ha ido a más gracias al restaurante Hattori Hanzo, la primera Izakaya -taberna japonesa- auténtica de España. Y no, aquí no hay sushi pero no lo vais a echar de menos.

Comenzamos la comida con un aperitivo de judías. Así sin más y presentadas en su vaina. Se abren con la manita y hale, para dentro las judías como si fueran caramelos. Curioso, rico y muy sano.

De la carta nos quedamos con un bollo de pan al vapor llamado Yakisobapan (6.50 €) con yakisoba de cerdo, beni-shoga y katsuobushi. El panecillo en sí es todo miga, jugoso y la carne de cerdo del interior le da todo el sabor. Nos recordó a una hamburguesa, la verdad.

Luego optamos por compartir tres brochetas (Kushiyaki) diferentes: una Sake Saikyoyaki (3,8€) de salmón marinado en miso blanco dulce de Kyoto; una Nasu Miso Dengaku (3,4€) de berenjena asada con miso rojo y sésamo; y una Yakitori/Negima (1,8€) de pollo de corral con salsa yakitori y shichimi togarashi. Todas buenas pero sin duda la última la mejor y más sabrosa.

Brochetas (salmón, berenjenas y pollo)

Brochetas (salmón, berenjenas y pollo)

Y para rematar la parte salada pedimos una Hiroshimayaki (14,9€). Atentos porque es una fina tortilla japonesa (similar a la francesa pero tipo crêpe) presentada con forma de colina bajo la cual se esconde un “Okonomiyaki de 3 capas y Yakisoba”. Así para entendernos, eran tallarines salteados con verdurita y trocitos de cerdo. Encima de la tortilla iban dos salsas, alga nori en polvo y negi. Por lo que más queráis: ¡pedidla! Espectacular de principio a fin. No quedó nada en el plato y eso que fue el último en llegar. Una mezcla de sabores deliciosa y que aún no conocéis.

Hiroshimayaki

Hiroshimayaki

De postre no pudimos evitar la tentación y tomamos DIY Matcha S’mores (8,8€). Te ponen en la mesa una pequeña mini barbacoa japonesa y una bandeja con galletas, malvaviscos -o marshmallows- y chocolate infuionado con matcha (del maestro chocolatero Ricardo Vélez, Moulin Chocolat). Así que de repente te ves con los malvaviscos sobre las llamas hasta que quedan dorados y blanditos para ponerlos sobre las galletas y un poquito de chocolate por encima. Vaya bocado…Lo del chocolate es una locura de lo bueno que está. Y sí, todo bien dulce.

Para beber no fuimos nada atrevidas: agüita. En la carta veréis varias cervezas y refrescos japoneses, té verde, etc.

El local es una pasada. Nada más cruzar la puerta has entrado en Japón. El comienzo del local recuerda a los puestos de comida callejeros que se pueden encontrar en la ciudades y al fondo está la Izakaya, con mesas bajas a la japonesa. Una pena que no nos sentaran aquí, pero al ser dos nos colocaron al principio. El servicio es muy amable y atento.

Hattori Hanzo se encuentra en C/Mesonero Romanos, 17 (metro Gran Vía, L1 y 5). Abierto de M-J de 13:30 a 16:30 y de 20:30 a 00:30h. V-S hasta la 1:30h. D de 13:30 a 16:30h. Tel: 91 786 57 80  y 606 282 608. Para reservas el 662 945 359 (L-D de 10:00 a 13:30 y de 17:00 a 22:00). WEB.

Además, se convierte de 17 a 20h. en una pastelería japonesa llamada Panda, la cual tengo unas ganas locas de probar. Ya os contaré.

¡Un mordisquito de La Glotona!

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Viva Burger, hamburguesería vegetariana

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Viva Burger, hamburguesería vegetariana

Hamburguesería + vegetariana son dos palabras que al principio suenan raras juntas. Incluso habrá quien piense que no casan, que es un concepto imposible. Pero sí, es real. Real y delicioso. VivaBurger dice ser la “primera hamburguesería vegetariana del mundo mundial”. No sé si goza de ese honor en realidad, lo que sí puedo afirmar es que se trata de la primera que visito y…¡repetiré!

La excusa para ir a VivaBurger fue la “conversión” de una grandísima amiga al vegetarianismo. Aprovechando su paso por Madrid y que teníamos que vernos -eso es sagrado-, escogimos un lugar vegetariano. En la capital tenemos muchos y entre todas las opciones llamó nuestra atención esta hamburguesería, por lo peculiar de su carta. Tengo entendido que antes era un vegetariano para llevar -llamado Viva la Vida-. Este concepto me gusta mucho más.

Decidimos comenzar con un entrante de Yuca frita con alioli y salsa brava (6,5€). Soy una loca de la yuca. Allá donde la hay, la pido. Aquí la presentan cortada en daditos, como unas patatas bravas de toda la vida. Para quienes no conozcáis la yuca, atreveos: es muy similar a la patata, un poco más entera y de sabor algo más dulce. Os encantará. La ración además es muy generosa y contundente.

Yuca frita con salsas

Yuca frita con salsas

Después, cada una pidió la hamburguesa que quiso: sobre la mesa se juntaron la Árabe (falafel, naranja, ciruelas, nueces y salsa de hierbabuena); la De la huerta (tallarines de verduras frescas, brotes y tomate seco con extra de queso -1,5€); y la Burger Queen (queso de cabra, tomate asado y cebolla caramelizada). Todas al precio de 12,95€ y elaboradas con verduras, carne de soja, judías y frutos secos. Servidas en pan rústico y con una guarnición de patatas.

Burger Queen en 1er plano y Árabe

Burger Queen en 1er plano y Árabe

La Burger Queen fue mi elección y me encantó. Para empezar, nadie puede quejarse del tamaño y lo bien presentadas que están. Su sabor me pareció una delicia, además de ser muy jugosa. Sinceramente, no eché de menos la carne ni por un instante. Mis acompañantes creo que no tuvieron ninguna queja sobre sus elecciones tampoco. Acabamos tan llenas que perdonamos el postre, razón por la que habrá que volver.

El local es precioso, lleno de detalles que no me dejan encajarlo en un estilo: lámparas de toque árabe, cojines con motivos mexicanos, cortinas de conchitas en plan hippie…Muy chulo.

VivaBurger

VivaBurger

La única pega que debo mencionar sobre nuestra cena allí es que fueron muy tardones para servirnos las hamburguesas. Unos 45 minutos aproximadamente desde que las pedimos (menos mal que había yuca para hacer tiempo), cosa que no se entiende porque era un lunes por la noche y, aunque había gente no era una locura de mesas, de hecho, fuimos las últimas en sentarnos. Se les perdona porque nos trataron muy amablemente y…¡que las hamburguesas eran una pasada!

VivaBurger se encuentra en Costanilla de San Andrés, 16 (metro La Latina, L5). Abierto D a J de 11 a 00h. V-S de 11 a 02h. Tel: 91 366 33 49. WEB.

Perfecto para veggies convencidos y carnívoros abiertos de mente paladar.

¡Un mordisquito de La Glotona!

 

Hamburguesa Nostra

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Hamburguesa Nostra

Que levante la mano quien no conozca Hamburguesa Nostra.  Aunque sea de haberlo oído o pasar por sus puestos en diferentes mercados, todo el mundo conoce esta hamburguesería de autor. Ese era mi caso y por fin he podido hincar el diente a sus deliciosas creaciones tras showcooking muy especial.

Conocer desde dentro un restaurante, su funcionamiento, su personalidad y a las personas que forman parte de él no es algo fácil, de ahí que considere una suerte esta experiencia, la cuál se dividió en varias partes. Primero, nos explicaron su historia, para lo que hay que ir 40 años atrás, a una pequeña carnicería en el Mercado de Chamartín donde D. Juan José Rodríguez García comenzó vendiendo un producto de calidad, Raza Nostra. Poco a poco comenzó a crecer hasta convertirse en lo que es hoy: las carnicerías y proveedores Raza Nostra, el restaurante de carnes Vaca Nostra y Hamburguesa Nostra, cuyo concepto original nace precisamente en esa carnicería porque D. Juan José elaboraba unas hamburguesas preparadas con toques diferentes que causaron sensación entre la clientela.

Después pasamos a conocer el producto. En el restaurante tienen una cámara frigorífica visible desde fuera y tuvimos la suerte de entrar. Huele que alimenta ahí dentro, os lo aseguro. Miguel Cano, maestro carnicero, nos explicó los tipos de carne, sus cortes, los tiempos de maduración…Y tras esto nos mostró como despiezar una de las mejores partes para hacer hamburguesas: la tapa.

Posteriormente, Juan Pozuelo -executive chef del restaurante- nos habló de cómo crea las hamburguesas, sus ideas y sobre todo de la importancia de seleccionar una buena carne. Y entonces fue cuando nos plantamos el delantal, los guantes y nos pusimos manos a la obra: teníamos que elaborar nuestra propia hamburguesa con los ingredientes que quisiéramos y siguiendo uno de los distintivos de Juan Pozuelo, introducirlos en la carne. En mi caso opté por cebolla, queso manchego y aceitunas con una pizca de sal y pimienta.

Tras unos minutos amasando todo, las pasamos a la sartén y nos descubrieron un truco: poner el aceite directamente en la carne. Las tomamos sobre pan de mollete. Sin más porque una buena hamburguesa no lo necesita (de hecho, así se sirven muchas en el restaurante). Hablamos de un bocado jugoso y tierno lleno de sabor a carne con los toques de los ingredientes que habíamos añadido. Espectacular.

Por último, pudimos degustar otras hamburguesas del restaurante como la Parmigiano, elaborada con queso parmeso -¡creedme que se nota!-, o la Juan Pozuelo, con cebolla pochada, pistacho y aceite de trufa. ¡Hay más de 30 diferentes! Además de las salsas de entre las que me quedo con la de queso cabrales, la ketchup curry y la mostaza miel.

Para quienes visitéis el restaurante os dejo la carta completa y si no, recordad que hay muchos puestos de Hamburguesa Nostra repartidos por Madrid, como en el Mercado de San Antón o San Miguel. También en los mismos restaurantes se pueden comprar las hamburguesas para llevarlas a casa y prepararlas uno mismo en casa, para lo que os recomiendo que echéis un vistazo a los trucos de Juan Pozuelo.

La Glotona visitó el Hamburguesa Nostra situado en Paseo de la Castellana 257 (metro Chamartín o Plaza Castilla). Abierto de 13 a 16:15h. y de 20:30 a 23:30h. Tel: 91 378 88 07. WEB.

La hamburguesa está de moda. ¡Larga vida a la hamburguesa!

¡Un mordisquito de La Glotona!

 

 

 

Cornucopia, una pérdida de tiempo

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Cornucopia, una pérdida de tiempo

Por el título que le he puesto a este post podréis aventurar por dónde van los tiros. Quienes me leen habitualmente -algún loc@ habrá, digo yo- saben que solo hablo de sitios buenos, esos que me han conquistado o convencido y dignos de recomendación a los cuatro vientos. Prefiero dejar guardados en el fondo de un cajón a aquellos decepcionantes. Creo que no merece la pena gastar mi tiempo y a vosotros, lectores, no os interesan porque lo que venís buscando aquí es calidad, lugares que merezcan la pena.

Pues bien, hoy he decidido que el restaurante Cornucopia me decepcionó tanto que debo decirlo. No sé si esta reseña llegará a los dueños pero, si estáis leyendo esto, quiero que conste que no pretendo hacer una crítica destructiva, sino todo lo contrario: podéis arreglar el desastre que tenéis ahí montado leyendo esto.

También debo decir que fuimos a este restaurante en familia. Mis padres guardaban desde hacía tiempo una caja regalo de Wonderbox y al fin se decidieron a usarla. Es decir, teníamos sus dos comidas “gratis” (entrantes, primeros y postre). Por eso mi hermano y yo tomamos solo un principal cada uno, para compartir los entrantes y postres.

Vamos al lío. Llegamos al restaurante y estuvimos cerca de 10 minutos esperando de pie junto a la puerta para que nos sentaran. Ojo, íbamos con reserva y no éramos los únicos esperando. Al fin nos llevaron a nuestra mesa, nos dieron las cartas y…a esperar de nuevo. Tardaron tanto en tomarnos nota que cambié de elección 8 veces, aproximadamente. Bien, por fin pedimos y después nos trajeron pan -muy, muy rico, lo reconozco- y un aperitivo de hummus buenísimo también. Las bebidas llegaron a los 5 minutos y se les olvidó una cerveza que tardó otro tanto en aparecer.

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Si hubiéramos sabido lo que nos esperaba, hubiéramos administrado mejor el pan y el hummus para tomarlo más despacio. Los entrantes tardaron en aparecer por la mesa unos 25-30 minutos. Fueron: ensalada de hojas verdes con algas crujientes al aceite de sésamo, juliana de mango y vinagreta de moras (11€ en carta) + espárragos trigueros a la parrilla con vinagreta ahumada de Pedro Ximénez, láminas de queso manchego y sal Maldon (12€ en carta) + croquetas de setas y aceite de trufa blanca sobre hojas verdes aderezadas con aceite de oliva virgen y queso parmesano (12€ en carta).

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Y diréis: “pues suena super bien todo”. ¡Jajaja! Sí, eso pensamos nosotros pero la realidad fue que nos pusieron cuatro hojitas sacadas de una bolsa variada de ensalada de las de cualquier súper con un poco de módena y una tira de mango + dos mini espárragos con un triángulo de queso manchego bañado en “Pedro Ximénez dudoso” + dos croquetas de setas de las congeladas con queso en polvo por encima. Y la foto lo demuestra. Viendo lo que nos pusieron (aquí no había posibilidad de elegir, era parte del menú cerrado) no se comprende cómo pudieron tardar tanto.

Nos lo comimos sin más y…¡a esperar de nuevo! Y esta vez fueron 45 minutos de reloj hasta que sirvieron los principales.

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Iré uno por uno: atún a la parrilla marinado en salsa de soja, aceite de sésamo y jengibre con cous cous y ensalada de cítricos (22€). Vale que mi madre lo pidió bien hecho -ella es así- pero es que le trajeron una suela de zapato que en otra vida fue atún.

Mero a la plancha con una salsa cremosa de almendras fría acompañada de crujiente de verduras (21€). Podríamos rebautizarlo como “mero pasado y seco”. ¡Ah! Y frío. Sí, llegó frío a la mesa.

Hamburguesa de ternera y presa ibérica sobre pan de sésamo con pastel de gratín de patata con bacon y cebolla caramelizada (21€). Esto lo pidió mi hermano y su cara fue un poema al ver el plato. La realidad se componía de una hamburguesa FRÍA sobre un cracker de pan seco, patata al horno presentada en un bloque -sin bacon a la vista- y un pegote de ketchup en el medio.

Mi elección fue la pasta fresca rellena de pera y queso pecorino salteada con un toque de tomillo y sal de trufa (16€). Pues bien, la pasta estaba seca y pasada y la pera se les debió acabar. Como les sobraba vinagre de módena fueron muy majos y me echaron un buen pegote en medio del plato. Por cierto, solo hice foto de éste porque estaba cabreada como una mona y no me dio la gana sacar más.

Los postres siguieron más o menos el mismo camino. Al menos no tardaron en llegar pero es que quedaban 4 mesas en el local y hubiera sido ya de traca. El menú de mis padres incluía dos postres, tarta de zanahoria para ser más concretos. Resulta que se les había acabado y optamos por tarta de chocolate y otra de queso. Ojo aquí porque tras comentarle al camarero el percal nos dijo que “nos podía invitar a los postres”. No, perdona. Los postres ya estaban pagados, gracias.

¿Que qué tal las tartas? La de queso estaba muy rica, para sorpresa de todos. Pero es que la de chocolate fue una decepción tan grande que ensombreció a la primera: ¡¡nos la pusieron QUEMADA!! Trataron de disimular la costra más negra que el azabache de la base y el trasero bañándola en sirope de chocolate pero…ese sabor amargo es difícil de tapar.

A veces no importa esperar si luego comes divinamente pero es que esto…no diré más. 

El local es bonito. Aquel día estaba abarrotado, los camareros no daban más de sí y supongo que en cocina tampoco. Así que veo una solución muy clara: llamad a Chicote o contratad a más gente para los fines de semana viendo que llenáis. Y vigilad cómo salen los platos, por favor.

Podréis pensar que tuve mala suerte, que tal vez fue casualidad. No. Mirar al resto de los comensales era ver la misma situación en cada mesa.

Cornucopia se encuentra en C/Navas de Tolosa, 9. Tel: 915 21 38 96. WEB.

Hacía tiempo que no salía tan decepcionada de un restaurante. Por favor, mejorad todos estos errores, mimad los platos, hacedlos tan ricos como apetecibles se ven en la carta, meted más gente en cocina, poned cuidado en los detalles. Yo estoy dispuesta a darle otra oportunidad al restaurante dentro de algún tiempo porque todo se puede arreglar y mejorar.

Un mordisquito de La Glotona.

 

La Chusquery, fusión en La Latina

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La Chusquery, fusión en La Latina

Has pasado por delante y probablemente no lo has visto. No te has fijado en ese gran rótulo que anuncia La Chusquery porque ibas a tu bar de cañas de La Latina. Por eso, y porque este restaurante está nuevecito. ¿Qué se puede encontrar en su interior? Algo muy diferente en este barrio tan castizo: cocina cambiante fusionada con la gastronomía del suroeste asiático.

Al entrar piensas que es el típico local de la zona, que las bravas, los calamares y la oreja comenzarán a desfilar ante ti de un momento a otro. Pero para sorpresa de todos, no es así. En una comida con buena compañía descubrimos muchos de sus platos, que saltan con rapidez de la tradición a la fusión. ¡Para volverse loco!

Comenzamos con las Croquetas caseras de Jamón Ibérico (1,20€ la unidad). De escándalo. Muy sabrosas, grandes -con forma de esfera- y con una bechamel deliciosa. Merecen la pena.

Bocadillo chino de La Chusquery

Bocadillo chino de La Chusquery

Y diréis, ¿dónde está la fusión? Pues bien, vino de la mano del siguiente plato: el Bocadillo chino (2,7€), un bocado muy de moda ahora consistente en pan al vapor, carne, alguna salsa y hierbas. Lo curioso es que en La Chusquery lo hacen de panceta y con una salsa de soja dulce. Sorprendente y muy bueno.

Luego llegó una ensalada que me dejó asombrada. Se componía de rúcula, una deliciosa burrata fresca italiana, tomates preparados con algún secreto maravilloso y salsa romesco. ¡Buf! Me quitaría el sombrero si lo llevara.

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También pudimos probar el Ceviche. Lo han adaptado al gusto español, es decir, es un poquito más suave y menos cítrico. Personalmente, los ceviches me parecen muy fuertes y no suelo acabarlos o tomar una gran cantidad. Así que éste es ideal para quienes nos sucede esto.

También tomamos un Steak tartarTataki de pez mantequilla, barbacoa japonesa, ponzu y encurtidos (8,00€ la media ración y 14,00€ la ración). Este último suena complicado pero es una delicia. Veréis que lo acompañan 3 tipos diferentes de salsa. Hay que probar un bocado con cada una y descubrir con cual os marida mejor. Cada paladar es un mundo y este plato juega con ello.

Llegados a este punto en el que ya estaréis babeando debo haceros una advertencia: los platos de La Chusquery no son fijos. Bueno, sí pero no. Puede que un día vayáis y os encontréis todos los anteriores o que hayan variado sus ingredientes  o que no haya ni uno y en su lugar tengáis Pollo tandoori masala Mejillones de roca en salsa. ¡A saber!

Todas las ideas nacen de los hermanos Hernández, Sergio y Roberto, quienes vivieron y saborearon Singapur durante años y Ángel Jiménez que se ha recorrido de cocina en cocina Suiza, Inglaterra y Malasia, entre otros.

El espacio ya os digo que no anuncia lo que guarda en su interior. Está decorado con sencillez, como un bar de tapas o raciones. A la entrada tiene la barra (por favor, pedid aquí un vermut blanco Zarro -insisto-) y algunas mesas altas. Al fondo se encuentra el comedor, lleno de mesas sencillas, algún espejo y un asiento corrido rojo muy llamativo. Poco más. Lo que cuenta son los platazos a degustar (por raciones o medias raciones).

Abrid bien los ojos y nada de juzgar al libro por la portada. La Chusquery no es lo que parece.

La Chusquery está en C/de los Mancebos,2 (metro La Latina), abierto de martes a domingo de 13 a 00h. Tel: :910 703 215. WEB.

¡Un mordisquito de La Glotona!

 

 

El Jardín Secreto, un viaje encantador

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El Jardín Secreto, un viaje encantador

¡Hola glotoncillos!

Como os contaba un par de semanas atrás, las Navidades fueron trabajar, trabajar y trabajar pero en un hueco libre me escapé a un rincón del que no quería salir: El Jardín Secreto. Y no, no es el de Salvador Bachiller aunque se da un aire en decoración.

Este jardín lleva mucho más tiempo en una discreta esquina de Conde Duque, hace algunos años -cuatro por lo menos- ya me hablaron de él pero no fue hasta hace un mes cuando lo rescaté del recuerdo gracias a que volvieron a recomendármelo. Y para allá que me fui…y casi no vuelvo de lo agustito que se estaba.

Al caer la carta en nuestras manos alucinamos con la gran variedad: cafés y tés a porrón, dulces llamados “Orgasmos”, carta salada, cócteles, etc. Pero la página llamada Viajes soñados nos atrapó a ambos. Se trata de batidos con base de yogur, crema de fruta, helado y topping. Así que nos decidimos a viajar a Estambul y Dinamarca por 5€ (aprox.) cada uno.

Viajes a Dinamarca y Estambul

Viajes a Dinamarca y Estambul

El Viaje a Estambul se compone de batido de yogur, coulis de frambuesa, helado de dulce de leche, salsa de chocolate y nueces. Fue mi elección y puedo decir que me encantó la mezcla de sabores. Dulce pero nada empalagoso. Os recomiendo comeros las nueces antes de mezclar todo porque luego se van al fondo.

El Viaje a Dinamarca lleva batido de yogur, coulis de cereza, helado de chocolate con leche, nata batida y mini-galletas Oreo. Con mucho más sabor que el anterior gracias a la cereza y el helado de chocolate, y riquísimo también.

Desde luego uno no puede quejarse del tamaño de las bebidas. Una jarra bien maja, con galletitas para acompañar y llena hasta arriba. Eso sí, no me gustó que llevara hielo en el fondo. Entiendo que es para enfriar la bebida pero si llego a saberlo lo pido sin él porque no hacía ninguna falta y además estropea un poco la bebida al final, aguándola.

En cuanto al local, tiene una atmósfera en su interior de lo más tranquila y relajada a pesar de que el local esté hasta los topes. Incluso se respira un toque mágico. De los muchísimos detalles que adornan el local me quedo con las tazas y teteras flotando sobre la barra, la gran jirafa junto a una de las ventanas y el columpio, uno de los rincones más solicitados para citas románticas, estoy segura. La luz suave hace el resto. Creo que no hay 2 mesas iguales, desde mesas-seta hasta troncos de árbol.

El Jardín Secreto se encuentra en C/ Conde Duque 2 (metro Plaza España, L10 y 3). Abierto L-Mx y D de 17.30 a 00:30h., J de 18:30 a 01:30h., y V-S de 18:30 a 02:30h. Tel: 91 541 80 23. WEB.

Atentos buscadores de lugares ideales para citas, lo habéis encontrado.

¡Un mordisquito de La Glotona!

La Embajada del sabor

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Hay un restaurante del que llevo mucho tiempo queriendo hablar y no lo he hecho. Primero, porque ha salido en tantos medios, webs y blogs que tampoco me corría mucha prisa. Y segundo, porque no he tenido tiempo de hacerle la crítica que se merece. Por fin ha llegado el momento. Hoy, para todos ustedes, en no-exclusiva: La Embajada.

Os lo voy a decir así de claro: este sitio es perfecto. Es bonito. Es original. Y se come de lujo. Se trata de un antiguo palacio de 5 plantas reconvertido por completo en restaurante, de modo que cada piso alberga un restaurante diferente: hay gastrobar (tipo cafetería súper elegante con barra de copas y una carta diseñada para el picoteo); japonés, en la 3ª planta, de color negro y con neones azules con lámparas que evocan la papirofléxia -o eso pensé yo-; mexicano, en la 4ª, mucho más colorido y atrevido que el resto, con máscaras de lucha, calaveras garbanceras…; y el skybar, su azotea pensada para tomar copas por la noche.

Fui a cenar con mi familia para celebrar el cumpleaños de mi padre -fan y director ejecutivo del blog-, y escogimos la planta mediterránea, en la 2ª. Debo decir que fue todo un acierto (y no porque fuera sugerencia mía).

Comenzamos compartiendo 3 platos, los que más llamaron nuestra atención. El primero en llegar a la mesa fue el Tartar de atún rojo mediterráneo sobre timbal de guacamole y totopos de maíz (14,5€), que nos dejó a todos maravillados con su sabor. ¡De verdad! Nos gustó tantísimo que intentamos reproducirlo en casa. Sabroso, con un atún fresquísimo que liga a la perfección el guacamole. Hubiéramos seguido tomándolo hasta que nos echaran del restaurante…

También tomamos como entrantes la Terrina de foie con aceite de vainilla de Madagascar, frutos secos y reducción de vino tinto (14€) y el Risotto cremoso de boletus Edulis y aceite de trufa negra (9,8€). Quizás este último fuera el plato más flojito de la noche, pero igualmente estaba muy rico. La terrine -un producto similar al paté- despareció volando. Divina.

Después, cada uno eligió un principal, y sobre la mesa aparecieron el Bacalao confitado en aceite de ajo y guindilla sobre crema de pimiento rojo dulce, aceite verde de cebolino y brocheta de parmesano (15€). ¡Toma ya! Según se lee ya suena sabroso y…lo es. Una perfecta mezcla de sabores, con el bacalao en su punto y una crema que lo acompañaba de maravilla -porque el tándem bacalao+pimiento nunca falla-. ¿La brocheta de parmesano? Un bonito elemento decorativo para tomar separado.

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El cumpleañero y La Glotona se decidieron por los Lomos de atún rojo poco hecho sobre cebolla morada en dos texturas y crujiente de cerdo ibérico (18,5€). Madre mía de mi vida y de mi corazón…No sé cuánto tardé en acabármelo pero fueron los mejores minutos de mi vida. Qué cosa más rica. Menudo sabor el del atún…Y pensar que casi no lo escojo por lo de “poco hecho”. Además, la cebolla morada junto con el pescado era un gran acierto. Del crujiente de cerdo ni me acuerdo…yo estaba a mi atún. Disfrutamos como enanos.

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Solo uno de nosotros se decantó por una opción carnívora y fue el Lomo de buey gallego al aceite de carbón con patatas fritas nuevas de luxe (18€) quién completó los principales. Presentado completamente limpio, por lo que no quedó ni un pedacito. Perfecto, delicioso y en su punto.

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Para poner punto y final, tomamos de postre la American cheese cake sobre confitura de frambuesa y helado de mango (5,5€) y el Pie de limón al estilo del Embajador (5,5€). La cheese cake fue un broche estupendo, más ligera de lo que esperaba y, además, el helado de mango estaba soberbio. El pie de limón resultó rico pero bastante dulzón y empalagoso, por lo que la mitad se quedó en la copa.

Si queréis saber todos los platos de la plata mediterránea y que se os haga la boca agua, os dejo la carta  completa. En cuanto a la decoración, este piso es muy agradable. Realmente es como cenar en el salón de casa, rodeados de libros y con una preciosa chimenea al fondo. Muy buen gusto. El servicio me pareció maravilloso: súper rápidos, atentos y muy serviciales. Nuestra camarera, una de las chicas más amables que me haya atendido jamás, nos hizo un tour por todo el restaurante al final de nuestra cena, por lo que pude ver las demás plantas. Vosotros también podéis pedirlo si queréis. En resumen, cinco pisos y restaurantes modernos, elegantes y muy diferentes.

Veis que el precio es un poco elevado pero merece mucho la pena. Cuando llega la cuenta se paga con gusto. Así que resulta perfecto para ocasiones especiales.

La Embajada se encuentra en Juan Bravo 43, esq. General Díaz Porlier (metro Diego de León, L5 y 4). Tel: 914 012 064. Mail: reservas@laembajadamadrid.com. WEB. Servicio gratuito de aparcacoches.

 Pienso volver para probar cada planta de esta embajada del sabor y buen gusto. Os lo aseguro 😉

¡Un mordisquito de La Glotona!

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